De cómo el enemigo cambió sus métodos, y nosotros no
Hace 25 años comenzaba la dictadura. “La última”, como la llamó Enrique Vázquez. Hace 25 años se utilizaba por última vez el viejo método para lograr un quiebre institucional.
Hoy, 25 años después: han cambiado los actores, han cambiado las circunstancias, han cambiado los métodos; pero siguen vigentes las mismas banderas.
Ya no queda ni el recuerdo
La Argentina y el mundo enfrentan nuevos escenarios. El significado de la globalización es todavía incierto, en especial para países como el nuestro.
Algunos se empeñan en negar las nuevas realidades de este fin de siglo. Cierran los ojos e imaginan que es posible retomar senderos de desarrollo por los que se alcanzaron éxitos en tiempos pasados. Otros, en cambio, creen que las políticas de una nación derivan de un “pensamiento único” que se presenta como necesario e ineludible.
La Alianza se opone a esta falsa opción. Reconoce los cambios que se están produciendo en el mundo y en nuestro país. Advierte las oportunidades, pero también las amenazas que ellos encierran. Rechaza la idea de que sólo existe un camino, un único pensamiento posible, porque ello llevaría al fin de las esperanzas y de la política entendida como la capacidad de una Nación para definir su presente y construir su destino.
La Alianza niega, por otra parte, la contraposición entre eficiencia e ideales. Se propone desarrollar eficazmente un programa que permita a la sociedad argentina alcanzar sus objetivos de progreso y equidad. Reivindica, además, la voluntad colectiva de construir una sociedad más justa, más rica, más equitativa. Una sociedad de progreso y de igualdad de oportunidades. Sabemos administrar el camino hacia ese futuro. Reconocemos que los ideales sin una buena gestión son un sueño inalcanzable. Pero, la mejor de las gestiones sin ideales se vuelve ciega y estéril.
El crecimiento de la economía y el desarrollo social han sido presentados como opuestos. Esta disyuntiva es falsa. No existe un camino viable hacia el desarrollo que pase por la exclusión de los ciudadanos, ni una política para el bienestar que ignore los obstáculos y los desafíos técnicos. El programa de la Alianza aplicará con energía y eficacia políticas que integren el crecimiento de la economía y el desarrollo social.
Vamos a cambiar el rumbo. Creemos en la Argentina como un destino común y solidario, organizada como una república democrática moderna y gobernada por funcionarios y mandatarios capaces y honestos. Nos imponemos la eficiencia para aumentar la equidad. Queremos una sociedad abierta para ser más fuertes como Nación.
Algún desprevenido podrá preguntar quién fue el “delirante” que escribió esto, y vaya uno a saber quién lo escribió; pero lo que si se sabe es que uno de sus cinco firmantes era nuestro actual presidente de la Nación. Este texto es parte de la introducción a la “Carta a los Argentinos” que la cúpula de la Alianza hizo pública el 10 de agosto de 1998.
Otra vez las corporaciones
Nuevamente, como siempre desde 1810 en la historia argentina, han triunfado las corporaciones. Más allá de que, tal como se presentan las circunstancias que conforman la actual coyuntura, no queda, por el bien del país, otra salida; lo cierto es que sólo sirve para demostrar que el poder no está en manos de quien gobierna.
Hoy, quizás más que nunca, se hacen evidentes para cualquier ciudadano los postulados de "La contradicción fundamental". El antipueblo ha salido a destruir el sistema político‑institucional con renovadas energías; y ya no desde la trinchera militar, sino desde la barricada financiera.
Han sentado un trágico precedente: cuando un gobierno no les gusta, lo obligan a que se vaya solo; ya no necesitan de la fuerza para echarlo. Lo que es más trágico aún es que han conseguido que vastos sectores del campo popular, confundidos y atormentados por la crisis, no supiesen reconocer a los verdaderos responsables de sus penurias y reclamasen cualquier tipo de solución; soluciones estas que, en la mayoría de los casos, pasaban por una fractura del orden constitucional.
¿Parece exagerado decir esto en las actuales circunstancias? puede ser; pero la verdad es que todo esto fue dicho el 16 de junio de 1989, cuando una maniobra encabezada e iniciada por Domingo Felipe Cavallo terminaba con el gobierno encabezado por Raúl Alfonsín (y con el sueño de muchos).
La imagen no es nada
A contrapelo de cierta publicidad multinacional en la que “la imagen no es nada”, en estos tiempos sólo importa la imagen; y la máxima referencia a esta filosofía la tenemos si nos paramos en la Plaza de Mayo: desde la pirámide tendremos la vista de una casa de gobierno impecable, pintada y mantenida; pero bastará dar unos cuantos pasos para descubrir que sólo es así la fachada, y que a sólo medio metro del frente existe un edificio viejo, descascarado y mugroso.
¿Qué pasó en la Argentina en los últimos 15 años?
¿Cómo fue que llegamos hasta aquí?
Hace apenas un año y medio votamos la fórmula presidencial de la Alianza para que produjera un profundo cambio en la Argentina y hoy asistimos a la profundización del modelo preexistente.
Hace doce años acusábamos a Cavallo de ser el causante de nuestra desgracia, de haber boicoteado la acción de gobierno y llevar el país al caos para con ello lograr el triunfo de Menem, de traición a la Patria; y hoy vemos como se lo entroniza y convierte en el salvador de la Nación.
Hace alrededor de una década hablábamos de Menem como una mala copia del protagonista de la novela “Desde el Jardín”, y hoy deberíamos comenzar a hablar de De la Rúa como una mala copia de Menem.
Nos encontramos, tal vez, ante el Menem rubio que el establishment soñaba (como un reconocimiento tácito del racismo que siempre se negó en nuestro país); porque si algo no encajaba en esta moda de poner la imagen ante todo, era que Menem es petiso y morocho... pero apareció De la Rúa y se solucionó el problema.
El Menem rubio
¿Qué diferencias hay entre De la Rúa y Menem? Casi ninguna. Si las pocas diferencias que hay son para peor (Menem, mal que nos pese, era entrador y simpático), y hasta sus hijos se parecen a los del ex presidente.
El peor de los errores del gobierno de De la Rúa fue “comprar” la lógica política del menemismo. Por eso es que se dieron en estos pocos meses los problemas que se dieron: denuncias de corrupción en el PAMI, de compra de legisladores, etc. Quiso hacer lo mismo, pero sin saber cómo hacerlo.
Hay quienes dicen, hoy, que la Alianza está casi muerta; y es cierto. La Alianza se encuentra camino al cementerio, en tanto y en cuanto, no se decida a poner las cosas blanco sobre y negro y decir, sin pelos en la lengua, que este presidente traicionó el sentido y el programa de la Alianza. Los hacedores de la Alianza han ido renunciando uno a uno, y hoy en el gobierno sólo falta Alsogaray. ¿De qué unidad nacional se está hablando? ¿Es que no comprenden que más allá de Recoleta hay todo un país que vive distinto y piensa diferente?
¿Hasta cuando vamos a seguir callando? ¿Hasta cuando vamos a seguir tragando sapos? ¿Hasta cuando vamos a seguir pensando que la magia existe y que todo, mágicamente, se solucionará?
El nuevo juego de los viejos enemigos
¿Será casualidad? ¿Será cierto?
¿Por qué, ante cada situación de crisis, aparece siempre la misma “figura” como posible salvador?
En tiempos de la dictadura, cuando se hacía necesario transferir la deuda externa.
En tiempos de Alfonsín, cuando se hacía necesario romper de forma atípica con el orden constitucional
En tiempos de Menem, cuando tres Ministros de economía habían intentado sin suerte casi una decena de planes
En tiempos de la Alianza, ahora, cuando desde el primer día se boicotearon los planes de Machinea.
Es evidente que Cavallo es “el hombre”, el hombre de confianza de nuestro enemigo para manejar nuestra coyuntura. Nuestros enemigos aprendieron de la historia, y cambiaron sus métodos. Si al fin y al cabo, y caído el muro de Berlín, sólo les interesa el manejo de nuestra economía... ¿para qué más?
Es entonces cuando se impone que cambiemos nuestros métodos, que cambiemos nuestras actitudes, que tomemos conciencia de la situación. Si alguna vez dijimos que las fuerzas armadas y de seguridad eran los enemigos del pueblo, digamos claramente que hoy los enemigos del pueblo son “los mercados” (eufemismo con el cual se ha dado en llamar a la oligarquía del cambio de milenio). Dejemos de rendir pleitesía a 10 ó 15 personas que manejan nuestras vidas en la Bolsa, la timba de los ricos, con menos plata que la que se junta como pozo cada semana en cualquier juego de azar, la timba de los pobres.
Somos más, tenemos más, podemos más. Digamos basta y no nos dejemos extorsionar más, y salgamos a luchar por lo que nos corresponde. Dejemos de mirar preocupados lo que pasa en un club privado del microcentro para ver lo que pasa a sólo diez cuadras de allí, en Retiro o San Telmo (ni hablemos de lo que pasa más allá).
¿Hasta cuando vamos a seguir hablando de las dictaduras militares (que destruyeron nuestro pasado) sin darnos cuenta de que hoy y ahora somos víctimas de las dictaduras económicas y monetarias (que destruyen nuestro presente)?
Cavallo no es la solución, como no lo era López Murphy. Pero fue una buena jugada del enemigo; porque después de López Murphy, Cavallo parece socialista. ¿Qué diría Grispun si viera esto? (han pasado sólo 16 años...)
¿Qué diría Illia? ¿Qué diría Yrigoyen? ¿Qué diría Alem?
Digámoslo nosotros: ¡¡BASTA!!
Ha llegado la hora de asumir nuestra responsabilidad histórica: trabajar hasta el agotamiento por la Liberación Nacional. Si así no lo hacemos, la Patria nos lo demandará.
Luis Morales Torres - 24 de marzo de 2001