Recuerdos de la muerte
Hubo un tiempo en que todos, aunque no lo supiésemos, estuvimos muertos. ¿Cómo definir, si no, el tiempo en que estaba prohibido vivir? ¿Cómo definir, si no, el tiempo en que sólo se nos permitía morir?
Personalmente tuve varias experiencias que me marcaron, como el hecho de haber empezado el colegio secundario el 23 de marzo de 1976. El segundo día de clase fue una semana después, porque a partir del 24 se declaró asueto y no hubo clases.
Cuando volvimos nos encontramos con materias que cambiaban de nombre, como el caso de “ERSA” (Estudio de la Realidad Social Argentina) que pasó a denominarse “Formación Cívica” (¿en qué cabeza cabía que el nombre de algo pudiese incluir la palabra “social”?).
También nos encontramos otros cambios, como algunos docentes y preceptores nuevos... con el tiempo supimos que esa gente pertenecía a las fuerzas armadas y que estaban en el colegio “investigando” que todo estuviese bien, con ese extraño concepto de lo que era el bien y el mal que manejaban aquellas personas en aquellos tiempos.
Recuerdo muy bien las camionetas de la Fuerza Aérea a la salida del Colegio, en la puerta, con los “milicos” siempre dispuestos a revisar nuestras pertenencias en busca de algo sospechoso. No puedo olvidarme del caño de alguna pistola que se paseaba frente a mi cara sostenida por la misma mano que hojeaba mi carpeta en busca de vaya uno a saber qué.
Recuerdo que los menores de 18 teníamos permitido ir a bailar a los clubes, y que a la salida de los bailes nos esperaban los camiones de la policía para llevarnos para averiguación de antecedentes... y que, si teníamos “suerte”, se sabría de nosotros en los siguientes tres o cuatro días. También me acuerdo de los colectivos que circulaban “copados” por las fuerzas armadas y que levantaban incautos pasajeros (que venían de trabajar, estudiar, o dar una vuelta) con destino a un calabozo.
Recuerdo las campañas a través de los medios, contándonos que el país estaba en plena limpieza y que todo se lo debíamos a “ellos”. Recuerdo al Gral. Ramón Camps en ATC, entrevistado por José Gómez Fuentes, diciendo que: “si de 100 detenidos uno es culpable, se justifica la muerte de los 100”; y, lo peor, es que, aunque pueda parecer mentira, estaban matándonos de a cientos.
Recuerdo a un colectivero de la línea 15 que, una noche de 1981, saliendo del Club Obras Sanitarias, me “levantó” y me llevó hasta la Estación Rivadavia para que tomara el 117; y que me repetía frenéticamente “nunca más pases caminando por ahí” y me señalaba la ESMA.
Recuerdo al cuñado de un amigo, que fue “chupado” por cometer el error de llamarse igual que alguien a quien buscaban. Y estuvo desaparecido varias semanas, en las que lo torturaron preguntándole por cosas que desconocía; hasta un día en que un “señor” de uniforme le pidió perdón en nombre de las fuerzas armadas por el error cometido... y luego de eso lo torturaron otra vez y lo largaron desnudo frente a las puertas del Club GEBA.
Recuerdo los diarios tiroteos que uno escuchaba sin saber jamás qué había pasado. Las apariciones extrañas, como aquel camión de carnicería en Barrio Marina, con 20 cadáveres colgados del paladar. La campaña mediática antes y durante el mundial del ’78. La sorpresa, cuando descubrimos que nos sorprendía que en la tele no se hablara de algún secuestro o algún “enfrentamiento”. Las corridas del 30 de marzo de 1982. La campaña mediática durante la guerra de Malvinas.
Recuerdo que se prohibió un libro de física llamado “La cuba electrolítica” porque en su título estaba la palabra “cuba”.
Recuerdo un partido de la selección jugado en Suiza, en 1979, en el que se sobreimprimieron cartelitos que decían “ATC” sobre las tribunas... porque estaban tapizadas de carteles que decían “Videla asesino”.
Podría seguir recordando hechos de aquel tiempo en que estuve muerto; pero, en este momento, creo que la mejor forma de honrar mi vida, y la muerte de aquéllos que no tuvieron mi suerte, es seguir viviendo.
Luis Morales Torres - 24 de marzo de 2007
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