viernes, 24 de marzo de 2017

Sobre el "caer" y la defensa de la educación pública

He leído y escuchado en estos días a mucha gente que se rasga las vestiduras en defensa de la educación pública. Muchos de ellos a partir de una desafortunada frase del Sr. Presidente que hizo referencia a que hay quienes “caen” en la escuela pública.
Soy orgulloso egresado de un Colegio Nacional, de la época en que a muchos colegios privados iban quienes no podían ingresar o seguir dentro de uno estatal. El muy buen nivel de esa época (que es el que reivindica la mayoría de la gente) no puede esconder que tampoco era bueno que los colegios del estado no tuvieran vacantes para todos… pero eso es para otra discusión.
Soy docente de escuelas del Estado (3 Institutos de Formación Docente, para más precisión); ya no, pero he sido docente de escuelas secundarias (estatales y privadas) y de alguna Universidad.
Creer que el sistema de educación público actual tiene el mismo nivel que hace 40 años, es una tremenda equivocación (producto del desconocimiento o la hipocresía). Hay multiplicidad de causas para ello, pero lo concreto es que el nivel ya no es el mismo.
No tengo duda de que muchísimos docentes hacen un esfuerzo inconmensurable para que el sistema funcione del mejor modo posible (me incluyo); pero, del mismo modo, no tengo ninguna duda de que el sistema tiene “infiltrado” a un importante número de vagos, corruptos e ineptos… Soy consciente de lo políticamente incorrecto que es lo que estoy escribiendo, como también estoy convencido de ello.
Si el sistema de educación estatal tuviese el mismo nivel de hace 40 años, no veríamos docentes (de esos que se rasgan las vestiduras defendiéndolo) que mandan sus hijos a escuelas privadas, o que se refieren a las escuelas en las que trabajan como “la academia de mucamas”.
Si el sistema educativo estatal (primario y secundario) funcionara bien, no veríamos a las universidades públicas mayoritariamente pobladas por egresados de escuelas privadas, ni veríamos el pobre nivel académico con que llegan muchos egresados del sistema estatal (muchos de ellos condenados al fracaso). Y ya he dicho que hay multiplicidad de causas para justificar esto, pero una de esas causas es que la escuela pública, hoy, no puede compensar las desigualdades y, me animaría a decir, en muchos casos las potencia. La escuela pública hace rato que no es garantía de movilidad social.
Es cierto, fue una desafortunada frase del Sr. Presidente; no más desafortunada que la de otro presidente diciendo “esto es Harvard, no La Matanza” (descalificación rotunda y categórica de una Universidad Nacional y sus estudiantes... y no vi a casi nadie hacer un escándalo como el actual en esas circunstancias).
Fue una frase desafortunada, como cuando otro presidente dijo que los docentes eran unos vagos que trabajaban 4 horas y tenían 3 meses de vacaciones (y eso pasó de largo, aunque hubiese justificado una airada respuesta de los sindicatos y de toda la sociedad).
Fue una frase desafortunada, pero no tanto como la del sindicalista que dijo que quería que al gobierno le vaya mal (porque si le va mal nos va a ir mal a todos).
Fue una frase desafortunada, pero no tanto como los panfletos y las consignas en que se insta a luchar para que se vaya el Presidente (parece que hay gente que no ha aprendido nada y a la que el respeto a la Constitución y al sistema democrático le importan bastante poco... aunque las leyes educativas mencionan como obligación de los docentes la enseñanza del respeto a la Constitución y al sistema democrático).
Fue una frase desafortunada que no tiene que servir para desviar la atención del verdadero problema ¿cómo hacemos para mejorar la escuela pública?
Porque la decadencia no empezó ahora, viene de largo.